martes, 5 de febrero de 2013

Cayo Guillermo




A las 6:45 salía nuestro vuelo a Cayo Guillermo. Tres horas antes teníamos que estar en el aeropuerto de La Habana, por lo que tocaba madrugón.
Reservamos los vuelos desde Madrid en la página cubana http://www.solwayscuba.com/  El precio de 82 euros por persona incluye el taxi que nos llevaba de el hotel de La Habana al aeropuerto y del aeropuerto al hotel de Cayo Guillermo. Esto es muy cómodo ya que algunos hoteles están bastante lejos del aeropuerto cuanto más al Oeste del Cayo.
En dos horas y  veinte minutos y con una escala en Santiago  que no teníamos prevista, llegamos a Cayo Guillermo a eso de las 9 de la mañana.
Ya desde el avión, justo antes de aterrizar, pudimos ver el pedraplen que une la isla de Cuba con Cayo Coco. una singular carretera  de 17 kilómetros ganada al mar bajo el auspicio de la Revolución.










Cayo Guillermo

Cayo Guillermo pertenece a la provincia de Ciego de Ávila y forma parte de una serie de islas llamadas Jardines del Rey.
Destacan sus hermosas playas y sobre todo increíbles fondos marinos , ya que este cayo se encuentra a 400 km de la segunda barrera coralina del mundo después de la de Australia. Realmente merece la pena asomarse a ver esos "bosques" submarinos.

De Cayo Coco  a Cayo Guillermo recorrimos los 20 kilómetros en un  autobús incluido el pasaje del vuelo. Por las ventanillas íbamos viendo la exuberante vegetación de sucesivos manglares y algunos grupos de flamencos. En poco tiempo llegamos a nuestro hotel, el Meliá Cayo Guillermo, todavía bastante temprano.
Curiosamente el Hotel Meliá Cayo Guillermo había estado cerrado cerca de un año y precisamente con nuestra llegada estaba prácticamente de extreno.
Aunque en principio es un cinco estrellas, algunos detalles podrían rebajar alguna estrella al complejo. Pero claro, estando en un lugar tan paradisiaco como este, esos detalles nos parecían una nimiedad. A nosotros nos daba igual, 2, 4 o 5 estrellas, en realidad veníamos a ver aquellas playas y fondos, y a "decansar".
Por otra parte si uno quería bullicio, no lo encontraría en este hotel, con un 15%  de turistas  su capacidad total, se respiraba tranquilidad absoluta, y nosotros naturalmente encantados. Aunque justo cuando dejamos el hotel, después de cuatro días (el 11 de julio) la cantidad de turistas había aumentado considerablemente.
Esta tranquilidad hacía que no tuvieramos competencia en los diferentes comedores que había, y todo era perfecto, el tiempo acompañaba y el lugar era extraordinario.






El hotel Meliá cayo Guillermo está situado en el extremo Occidental de esta serie de cayos; Cayo Romano  al Este, Cayo Coco en el centro y Cayo Guillermo al Oeste. Orientados hacia el océano Atlántico, sólo hay un hotel más hacia el Oeste del nuestro (Sol Cayo Guillermo). Todo son kilómetros y kilómetros de playas solitarias e interminables.
Por 130 euros (los tres) al día en una  habitación con vistas al mar, uno puede alojarse en este hotel con todo, absolutamente todo incluido. Un precio único cuando uno lo contrata por su cuenta. Y si se hacen cálculos de a lo que sale por día y persona, con todas las comidas y bebidas que uno pueda asimilar y el lugar donde está ubicado este hotel, el resultado es que reservar por tu cuenta es muy rentable para poder disfrutar de este maravilloso y único cayo.

La playa del hotel y de los pocos complejos que hay por allí, es de fina arena y tierra adentro sólo hay preciosos manglares. Unas playas de colores tropicales únicos.

Una de las referencias visuales del El hotel Meliá es su característico espigón de madera de unos 150 metros de largo adentrandose en el mar y con una torreta de madera justo al comienzo del mismo. Justo debajo de los pilares de este espigón se esconde gran cantidad de vida submarina, destacan sobre todo el Pargo mulato o Lutjanus griseus (Grey Snapper), esponjas de mar y alguna barracuda que otra.
Todo lo que no esta debajo de la pasarela de madera o espigón, son limpios fondos arenosos pero con poca vida, para ver algo más es necesario ir más allá de la pasarela, donde enseguida aparecen las preciosas,  grandes y rojas  estrellas de mar Oreaster reticulatus o Estrella acolchada o Cushion Sea Star y sus singulares esqueletos. La verdad es que para ver fondos con corales y mucha vida, lo ideal era coger una barca y dirigirse a los pequeños cayos de Cayo Felipe el grande o el Chico. Pero de estos cayos hablaré más tarde.















































Siguiendo con el hotel, destacan sus hermosos jardines de variados tipos de árboles, sobre todo cocoteros, su piscina con barra de bar y sus estanques con fuentes y galápagos. Hugo estaba encantado con todo esto y andaba siempre de la laya a la piscina o al espigón, en un incansable ir i venir por todos los rincones del hotel.

Tiene también el hotel, su propio centro de buceo en una casa-cabaña de madera color azul, para inmersiones más profundas.
El hotel tiene varias zonas de comedores. Normalmente el desayuno a pie del pequeño restaurante de la piscina, la comida en el gigantesco cobertizo de madera, y la cena en un refinado comedor al lado de los manglares. aunque la noche antes de irnos abrieron uno más de estilo italiano ante la llegada de más turistas.

Por otra parte era penoso ver la cantidad de habitaciones que estaban vacías. Y digo ver, porque las habitaciones de grandes ventanales todas ellas, estaban sin cortinas cuando estas no estaban ocupadas, con lo que uno al pasar veía toda una hilera de habitaciones vacías, con los colchones desnudos. Multitud de habitaciones sin hacer y a la vista de ese 15% de turistas que entonces ocupabamos el hotel. Sólo bastaban áunas cortinas y la estética general del hotel cambia por completo cunado uno anda entre las edificaciones del hotel. Era curioso como el cuidado de algunos pequeños detalles podían mejorar la imagen del hotel. De este aspecto no hice ninguna foto, en realidad me cuesta fotografiar lo que afea a un hotel, por lo que siempre saldrán más favorecidos estos complejos de los que son en realidad.
Nosotros no somos muy tiquismiquis y todo nos parecía perfecto, ya que en algunas ocasiones y países hemos estados alojados en hoteles horribles.

Este hotel para nosotros lo tenía todo; una confortable habitación, una playa extraordinaria y fondos de coral a nuestro alcance en todas direcciones. la verdad, es que un día aquí vale por cinco.
El primer día nos dedicamos a disfrutar de la playa y a acometer nuestras primeras incursiones snorkelianas por las inmediaciones del hotel. Descubrimos que toda la parte de atrás del hotel estaba llena de manglares con sus entradas de agua y lagunas. ese primer día prácticamente no salimos del agua alternando playa y piscina del hotel.





















Cayo Felipe el Chico

Justo alrededor del Cayo Guillermo hay una serie de cayos más pequeños como los que están en frente del Meliá Cayo Guillermo ( cayo Felipe el Grande y el Chico) o al Oeste de la isla ( Hijos de Cayo Guillermo e Hijo de Guillermito), o al Sudoeste ( Cayo Flores y cayo Contrabando), o frente a Playa el Pilar (Cayo de la Media Luna) , este último, fue el mejor para nosotros.
Todos estos cayos y muchos más rodean a los cayos más grandes.

Ese segundo día nos decidimos por visitar los fondos marinos de uno de los minicayos más cercanos:  Cayo Felipe el Chico, a unas dos millas marinas de nuestro hotel.
para ello contratamos un pequeño catamarán el propio hotel. Aquí no hay otra opción, ya que no hay gente ajena a estos  complejos negociando con los turistas. Recodábamos en Zanzibar y Sri Lanka, donde siempre había alternativas a lo ofrecido por los hoteles. Aquí, a pesar de todo se podía "redondear" algo el precio con el encargado de las barcas o catamaranes del hotel.
Así pues, contratamos un pequeño catamarán y nos fuimos a explorar uno de los fondos de coral que se encontraban a poca distancia de la isla.
Sólo el viaje en catamarán merecía la pena, dejándose llevar por la suave y cálida brisa marina y viendo como se iba alejando poco a poco Cayo Guillermo, dándonos una nueva perspectiva de este maravilloso enclave que es cayo Guillermo.
Desde la distancia, cayo Guillermo era una línea de costas de arena fina y limpia, seguida de una segunda y preciosa linea verde de manglares y palmeras, sin olvidar la primera linea de playa de un color más claro destacado que el resto de las aguas más profundas del océano Atlántico.
Nada más llegar a nuestro destino, a escasos metros de Cayo Felipe el Chico,nos adentramos en aquellas cálidas aguas. la primera impresión es un flash para los sentidos; fondos de color pastel chillón,salpicado  con peces también coloridos. Un fondo precioso y asombrosamente nítido. Nosotros ya habíamos visto fondos muy parecidos en otras ocasiones, pero, ¿es qué alguien se puede acostumbrar a esto? Creo que no, que es imposible, y siempre es un pequeño Shock ver estos hermosos bosques de agua.






































La calidez de las aguas hace que uno pueda estar mirando los fondos durante horas sin quedarse frío.
Como llevábamos una botella de plástico llena de migas de pan, pronto tuvimos multitud de peces a nuestro alrededor. Los primeros que acudieron a nosotros fueron unos preciosos Pargos de aleta amarilla (Ociyurus Chrysurus), que Marga se encargó de alimentar. Poco más tarde era Hugo el que daba de comer a un enorme banco de peces de Petaca Rayada o Sargento mayor (Abudefduf saxatilis). Los corales de diferentes colores destacaban en aquellos fondos, sobre todo el Trachyphyllia un coral muy parecido a las circunvalaciones del cerebro, por lo que también es conocido como brain coral o Giant brain coral, cuando es más grande.
Aquí también había estrellas de mar del tipo Cushión sea star, además de otros tipos de estrella.
Nos gustaron muchísimo, en este bosque subacuático las gorgonias fan (ventilador) y Paramuricea clavata o Gorgonia roja, aunque en realidad es fucsia.
Poco a poco fuimos viendo más especies; pez trompeta, diferentes tipos de esponjas... casi innumerable describirlas todas, pero prometo intentar etiquetar todas mis fotos con su nombre.
Pero  podemos destacar los más llamativos, si es que hay alguno que no lo fuera.
 Nos llamó muchísimo la atención el pez loro azul (Scarus coeruleus),  el pez loro arcoiris (Scarus guacamaia) , el pez loro de media noche ( Scarus coelestinus) y también la gran cantidad de peces cirujanos o Acanthurus coeruleus.
El pez ballesta reina, grande y vistosísimo, con una bella conbinación de colores, fue avistado por Marga, que lo señalaba estusiasmada para que lo viéramos.
maravilloso momento, lleno de belleza en movimiento. llevábamos 20 minutos en el agua, cuando apareció una enorme barracuda (Sphyraena barracuda), que desde ese momento no dejó de seguirnos en todo nuestro periplo, también es verdad que alguno de nosotros  la seguimos a ella. La pobre, creo que andaba mirando a ver si caía algo de comida. A veces esta estaba a un metro de nuestra posición, por lo que Marga andaba un poco mosca con ella. Estuvimos filmándola desde todos los ángulos posibles. Luego en otras inmersiones vimos que era bastante común ver  barracudas.























La verdad es que disfrutamos muchísimo los tres en Cayo Felipe el Chico, y no sólo de la inmersión, sino del propio viaje de ida y vuelta en catamarán, de unos 30 minutos cada uno, donde como dije antes uno podía tener una mejor perspectiva de todos los cayos.

El hecho de haber organizado nuestro propio itinerario, nos había permitido elegir un lugar como este, sin los costes excesivos que algunas agencias ( las que trabajan con Cayo Guillermo) gravan al turista que elije este destino. Destino que por otra parte y a pesar de ser una isla, es accesible tanto por tierra ( a través del pedraplén ) como por aire, en vuelos realmente económicos.
El esfuerzo de hacerlo por libre merece la pena, ya que tampoco es mucho. En realidad sólo hay que organizar el transporte de La Habana  al Cayo elegido y una reserva de hotel.

Cuando volvíamos en el pequeño catamarán de Cayo Felipe el Chico, veníamos encantados de la experiencia. Pensábamos en nuestro destino, Cayo Guillermo, un cayo con sólo cinco hoteles en muchos kilómetros de playa y repleto de verdes manglares., fondos marinos preciosos y una considerable vida submarina.
El resto del día lo repartimos entre algunas inmersiones bajo el espigón de madera, donde una variable comunidad de peces vive, paseos y baños por esa preciosa playa, descanso, contemplación...
























































Playa  Pilar

Al día siguiente teníamos previsto visitar Playa Pilar, a unos 5 km de nuestro hotel, justo al Oeste de cayo Guillermo, donde termina el cayo en su punto más Occidental.
En el hotel no había bicicletas, que hace unos años si había, por lo que ese agradable paseo no puede realizarse pedaleando. Así que toca pagar los 6 CUC de taxi por trayecto, creo que era por trayecto, casi no lo recuerdo. Allí te dejan y vuelve otro taxi a por ti o ellos mismos a la hora convenida.
Playa el pilar venía precedida de una gran fama, como un a de las mejores playas del mundo habíamos leído.
Quizá su éxito esté en que no hay ningún hotel, sólo un restaurante de madera al principio de la playa.

La playa es muy hermosa, de arena blanca y limpia, se extiende un Kilómetro hacia el Oeste, donde empieza una zona rocosa siguiendo la costa. Justo a ese extremo de la playa, donde esta termina y empiezan las rocas, nos dirigimos nosotros, cargados con nuestras mochilas de gafas, aletas y neoprenos. Nuestra intención era disfrutar de la playa y a la vez realizar snorkeling cerca de las rocas.
Como le pasa a muchas playas, Playa el Pilar no tenía apenas vida marina hasta pasados los primeros 300 metros, pero incluso junto a las rocas la vida era escasa, aunque ya se pueden ver algunas estrellas de mar y algo de coral.

Pero el verdadero tesoro de Playa el Pilar está a unos 2km mar a dentro, en los increíbles fondos de la Isla De la Media Luna, otro minicayo sublime del que luego hablaré.


































































 


Mientras Marga y Hugo disfrutaban en el extremo occidental de esta esplendida playa, me adentré por un camino que sale justo de allí. Hay un cartel de madera con el nombre de "Punta". Este camino atraviesa manglares y pequeñas lagunas y se adentra hasta la mismísima punta (punto más al Oeste)  de Cayo Guillermo. Allí, en ese extremo, los colores del agua variaban según la profundidad de los fondos, o la composición de los fondos (suelo de arena o de vida y materia orgánica).
A la izquierda había un pequeña playa en forma de media luna de 30 metros de largo y rodeada de manglares.
A 100 metros mar adentro un pescador de pié, en una pequeña barca, se manejaba con una pértiga.  Una red larguísima estaba desplegada hasta la misma playa mientras una multitud de pelícanos revoloteaba por encima del pescador esperando su momento para capturar su "premio".
Si en en plena Playa el Pilar apenas había gente, en esta parte no había nadie. Este lugar y sus fondos tenían muchas posibilidades, claro que había que dedicarle un día y traerse la comida, y en ese momento no me había llevado ni las gafas de buceo.



Mientras fotografiaba el lugar, una gran iguana atravesó el camino a mis espaldas. Volví a la playa con Marga y Hugo por el mismo camino, en total unos 600 metros desde donde estaba.

No todo es maravilloso en Playa el Pilar, justo al principio de este camino y al final de la playa había bastantes restos de basura, botellas, papeles, latas; restos de fiestas en la playa que nadie se ocupo de llevar. Y así como en las zonas de los hoteles todas las playas son impecables, aquí parece que no hay servicio de limpieza, o por lo menos no llega al final de la playa. Pero claro, si a uno le da por recorrer entera la playa se puede encontrar con esto.
Hice fotos de esos desperdicios, algunos incluso de cierta antigüedad, sorprendido de que esto pudiera suceder aquí: que alguien fuera de dejar sus despojos y nadie se encargara de la limpieza de la playa por esta zona.

Quitando esto, la playa es espectacular y la basura al final de ella no quitaban ni un ápice de belleza del Kilómetro anterior de playa y sus otras zonas.

Pero además  de esa bella playa, allí hay una zona que brilla con luz propia, y ese tesoro son los fondos coralinos de la Isla de la Media Luna.

 

 








Isla de La Media Luna

Como he dicho antes, el plato fuerte de Playa el Pilar, no es  su fina y blanca arena, ni sus bellos  manglares, ni siquiera sus aguas turquesas y transparentes. A 1 Km mar adentro, una pequeña isla o cayo con forma de media luna, esconde unos fondos formidables.
Ese día mientras Marga y Hugo disfrutaban de Playa el Pilar,  yo me disponía a visitar esos fondos. En mitad de la playa hay una construcción de madera donde los turistas interesados pueden tomar la lancha al Cayo de La Media Luna.
La experiencia fue tan increible que volvimos al día siguiente a Playa el Pilar, pero esta vez los tres fuimos a la isla. Marga y Hugo habían disfrutado mucho en Cayo Felipe el Chico, y aunque ese día prefirieron quedarse en la playa, no dejaron pasar la oportunidad de ver aquellos fondos.
La vedad es que no podían perderse aquellos fondos, cuyos corales eran bellísimos, pero incluso la vida animal era todavía mayor que en Cayo Felipe el Chico, siendo este bastante difícil de superar. Pero es que encima estos fondos tenían un pequeño pecio; un barco hundido de comienzos del Siglo XIX (1800 y poco), con su cañón y todo.
Aquí las Gorgonias fucsia (Paramuricea clavata) eran más abundantes y los corales amarillos o en forma de cerebro (Trachyphyllia,  brain coral o Giant brain coral) abundaban.
Más pargos de aleta amarilla (Ociyurus Chrysurus),  peces de Petaca Rayada o Sargento mayor (Abudefduf saxatilis). 
Estrellas de mar  Cushión sea star, incluso alguna verde,  gorgonias fan (ventilador) pez trompeta, diferentes tipos de esponjas.








































Si en cayo Felipe habíamos visto algunos peces loros, aquí pudimos ver bastantes peces loro azul (Scarus coeruleus),   pez loro arcoiris (Scarus guacamaia) o pez loro de media noche ( Scarus coelestinus) vimos de nuevo peces cirujanos o Acanthurus coeruleus.
Vimos dos bellísimos peces Ballesta reina,  Y un pez Ángel reina o Queen angelfish (Holacanthus ciliaris), con una bella coloración amarilla azul y naranja, justo entre los restos del barco hundido. Los tres estábamos entusiasmados, ya que la cantidad de vida era abrumadora. Aunque el día estaba nublado y nuestra inmersión empezó con lluvia, pronto escampó e incluso salio el sol, por lo que pudimos ver más nítidamente aquellos fondos.
Fueron apareciendo nuevas especies como el pez sombrero de copa high-hat  (Equetus acuminatus) o el pez Mariposa cuatro ojos Four-eyed Butterflyfish (Chaetodon capistratus), el rojizo Mero tigre o Tiger grouper (Mycteroperca tigris), el Cephalopholis fulva o coney fish,  o el multiverdoso azulado pez de cabeza azul, Bluehead wrasse (Thalassoma bifasciatum), palometas, la esponja florero o branching vase sponge.
Todos estos y muchos más entre bosques de corales y Gorgonias de una belleza que conmocionaban los sentidos.

Marga y Hugo disfrutaron muchísimo de esta su segunda inmersión snorkeliana, Hugo estaba alucinado con el cañón y barco hundido. Este pecio tiene multitud de peces a su alrededor, casi todas las especies que he nombrado estaban entre los maderos y hierros del barco, ya que al ser de principios del XIX (1800-1850) llevaba bastante metal en su construcción.
En fin, por mucho que describa, nada mejora a las imágenes (fotos y vídeo).

La isla de la Media Luna tiene uno de los fondos más bonitos y claros que hemos visto nunca, y asequible a cualquiera.








































































































Volvimos al hotel con una sonrisa, era nuestro tercer día y ya se notaba más afluencia de turistas, incluso habían abierto algún restaurante más.

El último y cuarto día lo dedicamos a la playa, espigón, paseos playeros, persecuciones  al lagarto Anolis Allisoni oriundo del Caribe y que se encuentra por todas las palmeras del hotel y al cual nos llevó su tiempo retratar en condiciones.

El hotel tiene un pequeño bar restaurante bordeando la piscina, donde sirven comida y bebida a todas horas y donde algunos turistas amortizan el hotel en una carrera nonstop para aprovechar esas continuas viandas y bebidas. Hugo no era de ellos, pero tenía su debilidad, y a través de la barra del bar que daba a la piscina, dio cuenta de unos cuantos granizados que fueron tomados con sumo placer.

Las últimas horas del día, mientras se ponía el sol, las pasamos entre la playa y la piscina, dejando pasar el tiempo entre fotos, lectura o simplemente la mera contemplación de nuestros ombligos, sin más  pretensiones.























Al día siguiente saldríamos de Cayo Guillermo dirección Trinidad, justo al Sur de donde estábamos. pero esta vez en vez de salir en avión, alquilamos un taxi para salir por el pedraplén, atravesando la isla de Norte a Sur, viendo otras zonas y otras maneras más rurales de vivir.
A las 6:30 de la mañana habíamos quedado con el taxista para llegar relativamente pronto a Trinidad y aprovechar el primer  día allí.
Esa última noche en Cayo Guillermo, cenamos junto a una familia canadiense, cuya abuela se había hecho amiga de Hugo, ya que entre baño y baño de piscina habían conversado y hecho buenas migas.