sábado, 23 de noviembre de 2013

Cienfuegos






Nos levantamos temprano para dirigirnos a La Habana vía Cienfuegos.
Habíamos acordado con un taxista  de Trinidad que nos llevara a la capital de Cuba por cierta tarifa, pero el chofer apalabrado no se presentó  y en su lugar vino otro conductor con un coche viejuno.
En principio no quisimos tomarlo, pero después de un nuevo regateo, llegamos a un acuerdo con un nuevo precio sólo hasta Cienfuegos. Allí alquilaríamos otro coche hasta La Habana. Al final esta operación nos salió más barata.























Llegamos relativamente temprano a Cienfuegos, por lo que aprovechamos para realizar una visita rápida a esta población.
El conductor del segundo coche que alquilamos nos hizo de anfitrión, realizando un recorrido turístico por todo Cienfuegos. En total estuvimos en esta población unas tres horas.


Antes de empezar el recorrido nos bajamos del coche para estirar las piernas y de paso nos adentramos en el mercado municipal (1928).
Allí pudimos contemplar una vez más, variados puestos de frutas exóticas, así como puestos de carnes colgadas sin cámaras frigoríficas. La gente siempre tan amable y un tanto sorprendida de ver turistas ahí dentro.






























Después de esta visita nos dedicamos a recorrer las principales avenidas de Cienfuegos, sobre todo la avenida de El Prado.

Fundada en 1824 por colonos franceses, la arquitectura de Cienfuegos también se inspira en la Francia del siglo XIX.
Una  ancha avenida con vistosos y coloridos edificios. Aunque a nosotros nos gustó más Trinidad con su estilo colonial español, y aunque  Cienfuegos es también una población hermosísima, a favor de Trinidad podemos decir  que es más pueblo y Cienfuegos más ciudad.
Trinidad es más tranquila y su núcleo o casco histórico insuperable, creo que sublime.

Recorrimos la avenida de El Prado donde se armonizaban el colorido de los edificios con el de los coches de los años cincuenta. De vez en cuando parábamos para contemplar más pausadamente los edificios más emblemáticos de la avenida. Así pudimos apreciar el bello Palacio Azul, un hotel estatal de fachada azul cielo y con bellos jardines.
Más adelante también pudimos apreciar la belleza y arquitectura recargada del Palacio del Valle, con su fachada color crema entre bellos ejemplares de la flora cubana.

Anduvimos después por el pequeño y coqueto Malecón de Cienfuegos.
En realidad esta fue una visita relámpago. Habíamos decidido repartir nuestros once días entre La Habana, Cayo Guillermo y Trinidad, con menos recorrido y movimiento, pero saboreando lentamente cada una de estas tres poblaciones.
Creo que elegimos bien. Con más tiempo quizá hubiéramos pasado algún día en Cienfuegos, e incluso la maravillosa Santiago.

Todavía tuvimos tiempo de tomarnos un pequeño almuerzo antes de partir para La Habana, donde pasaríamos nuestras últimas horas antes de nuestra partida.